Lars-Åke Söderlund
Vice Presidente de la Federación Internacional Farmacéutica (FIP)
Fecha de recepción: 12/01/2026 Fecha de aceptación: 13/01/2026
DOI: DOI: http://dx.doi.org/10.4321/S1699-714X2026000100001
La profesión farmacéutica se encuentra en un momento decisivo de su historia. Los sistemas sanitarios afrontan presiones crecientes derivadas del envejecimiento poblacional, la carga de las enfermedades crónicas, la persistencia de desigualdades en el acceso a medicamentos, la resistencia antimicrobiana, las crisis de suministro y el impacto cada vez más visible del cambio climático sobre la salud. En este contexto de alta complejidad e incertidumbre, la Federación Internacional Farmacéutica (FIP) ha definido su Plan Estratégico 2025-2030, un documento que no solo establece prioridades institucionales, sino que reafirma el papel esencial de la farmacia como agente estratégico de los sistemas de salud.
Este plan no debe leerse como una mera agenda corporativa. Se trata, más bien, de un marco de referencia global que interpela a farmacéuticos comunitarios, hospitalarios, industriales, científicos, docentes y reguladores, invitándolos a repensar su rol profesional desde una perspectiva integrada, colaborativa y orientada al impacto en salud pública. La FIP propone una visión clara: una farmacia alineada con las necesidades de las personas, capaz de innovar sin perder su compromiso ético, y preparada para liderar transformaciones estructurales en los sistemas sanitarios.
Una visión que conecta acceso, calidad y sostenibilidad
En el centro del Plan Estratégico 2025-2030 se sitúa una aspiración compartida: garantizar que todas las personas, en cualquier lugar del mundo, tengan acceso a medicamentos seguros, eficaces, de calidad y asequibles, así como a servicios farmacéuticos centrados en la persona. Esta afirmación, aparentemente evidente, encierra uno de los mayores desafíos de la salud global contemporánea. A pesar de los avances científicos y tecnológicos, el acceso equitativo a medicamentos esenciales sigue siendo una meta pendiente para millones de personas.
La FIP reconoce que el acceso no puede abordarse únicamente desde la producción o la logística, sino que exige sistemas farmacéuticos robustos, con marcos regulatorios sólidos, cadenas de suministro resilientes y profesionales capacitados para garantizar el uso adecuado de los medicamentos. En este sentido, el farmacéutico es presentado como un actor clave en la seguridad del paciente, en la lucha contra medicamentos subestándar o falsificados y en la promoción del uso racional de los tratamientos.
Asimismo, el plan introduce con claridad una dimensión que ya no puede considerarse secundaria: la sostenibilidad ambiental. La producción, distribución y uso de medicamentos tienen un impacto directo sobre el medio ambiente, y la profesión farmacéutica está llamada a asumir una responsabilidad activa en la protección de la salud planetaria. Esta integración entre acceso, calidad y sostenibilidad refleja una comprensión madura de los retos actuales y anticipa el tipo de liderazgo que se espera de la farmacia en la próxima década.
Atención farmacéutica centrada en la persona:
de la dispensación al cuidado integral
Uno de los ejes más relevantes del plan es la reafirmación de la atención farmacéutica centrada en la persona como núcleo de la práctica profesional. La FIP reconoce que los sistemas de salud, especialmente en contextos de recursos limitados, no podrán responder adecuadamente a las necesidades de la población sin aprovechar plenamente el potencial clínico del farmacéutico.
El documento plantea un tránsito claro desde modelos tradicionales centrados en el producto hacia modelos asistenciales basados en servicios, donde el farmacéutico participa activamente en la prevención de enfermedades, el seguimiento farmacoterapéutico, la vacunación, la educación sanitaria y el apoyo a la adherencia terapéutica. Este enfoque no solo mejora los resultados en salud, sino que contribuye a la sostenibilidad de los sistemas sanitarios al reducir hospitalizaciones evitables y optimizar el uso de recursos.
La FIP subraya, además, la importancia de atender a poblaciones vulnerables y de reducir inequidades en salud. La farmacia comunitaria, por su cercanía y accesibilidad, se posiciona como un punto estratégico de intervención sanitaria, especialmente en entornos donde el acceso a otros servicios de salud es limitado. Este rol ampliado exige, sin embargo, marcos normativos adecuados, reconocimiento profesional y modelos de remuneración que valoren el impacto clínico del farmacéutico.
Ciencia e innovación: un compromiso con el futuro terapéutico
El Plan Estratégico 2025-2030 dedica un espacio central al desarrollo de las ciencias farmacéuticas como motor de innovación terapéutica. La FIP reconoce que los avances en biotecnología, terapias avanzadas, farmacogenómica y medicina personalizada están redefiniendo la forma en que se previene y se trata la enfermedad. En este escenario, el farmacéutico científico adquiere una relevancia estratégica, no solo en la investigación y el desarrollo, sino también en la traslación del conocimiento a la práctica clínica.
El plan apuesta por fortalecer la colaboración entre ciencia, práctica y educación, rompiendo silos históricos que han limitado el impacto del conocimiento farmacéutico. Esta integración es esencial para garantizar que las innovaciones lleguen de manera segura, eficaz y equitativa a los pacientes, y para que los profesionales estén preparados para gestionar terapias cada vez más complejas.
Educación y fuerza laboral: la base de cualquier transformación
Ninguna de las aspiraciones del plan sería viable sin una fuerza laboral farmacéutica competente, resiliente y suficientemente dimensionada. La FIP reconoce explícitamente los desafíos asociados a la escasez de profesionales en algunas regiones, al agotamiento laboral y a la necesidad de actualización constante de competencias.
Por ello, el plan estratégico pone un énfasis especial en la educación farmacéutica de calidad, alineada con las necesidades de los sistemas de salud y con los retos emergentes. Se promueve un enfoque educativo que integre competencias clínicas, científicas, digitales y de liderazgo, así como valores éticos y de responsabilidad social. La formación continua deja de ser una opción para convertirse en una exigencia estructural de la profesión.
Resistencia antimicrobiana y enfoque One Health
La resistencia a los antimicrobianos (RAM) es identificada como una de las amenazas más graves para la salud global. La FIP sitúa al farmacéutico en una posición central para abordar este desafío, tanto desde la práctica clínica como desde la educación y la política sanitaria. La promoción del uso responsable de antibióticos, la educación de pacientes y profesionales, y la participación en estrategias nacionales e internacionales contra la RAM son presentadas como responsabilidades ineludibles de la profesión.
Este enfoque se integra en una visión más amplia de One Health, que reconoce la interconexión entre la salud humana, animal y ambiental. La farmacia, tradicionalmente vinculada al medicamento, amplía así su campo de acción hacia una comprensión sistémica de la salud.
Gobernanza, liderazgo y “One FIP”
Finalmente, el plan introduce el concepto de “One FIP”, una llamada a la cohesión interna y a la acción conjunta de todos los ámbitos de la profesión. La FIP reconoce que solo mediante una gobernanza sólida, inclusiva y transparente podrá liderar con eficacia en el escenario global. Se promueve el desarrollo de liderazgo farmacéutico, la diversidad regional y la colaboración con organismos internacionales como la OMS y la UNESCO.
Conclusión: una hoja de ruta que interpela a toda la profesión
El Plan Estratégico 2025-2030 de la FIP no es un documento para ser archivado, sino una hoja de ruta que interpela a cada profesional farmacéutico, independientemente de su ámbito de ejercicio o de su contexto geográfico. El mensaje es claro: la farmacia tiene el conocimiento, la proximidad y la legitimidad para desempeñar un papel transformador en la salud global, pero ese potencial solo se materializará si existe voluntad colectiva, liderazgo y compromiso con el cambio.
De cara a 2030, la relevancia de la profesión no dependerá únicamente de su tradición o de su base científica, sino de su capacidad para adaptarse, colaborar y liderar. El Plan Estratégico de la FIP ofrece el marco; ahora corresponde a la profesión convertir esa visión en realidad. “La farmacia está evolucionando, y la FIP lidera esa evolución – este Este Plan Estratégico es un llamamiento a la acción para que nuestros miembros, socios y colaboradores sanitarios globales trabajen juntos para reforzar la contribución de la farmacia a la sociedad y construir un mundo más saludable y resiliente para 2030”.
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